Al mirar una estantería de aceites aparecen dos palabras que generan dudas: monovarietal y coupage. Suenan técnicas, casi a jerga, pero detrás hay una diferencia sencilla y útil de entender, porque ayuda a elegir mejor. Y conviene aclarar algo de entrada: ninguno es mejor que el otro. Son dos intenciones distintas.
Monovarietal: una sola voz
Un monovarietal se elabora con una única variedad de aceituna: Arbequina, Picual, Koroneiki, la que sea. El aceite expresa el carácter de esa variedad concreta, cultivada en ese suelo y en esa campaña. Es la forma más directa de conocer una variedad, de aprender a qué sabe una Arbequina frente a una Arbosana. Cada una tiene su personalidad, y el monovarietal la deja sonar sola.
Coupage: un acorde
Un coupage —o blend— combina dos o más variedades, ya sea molturadas juntas o mezcladas después con criterio. La idea no es sumar por sumar, sino construir un perfil que ninguna variedad alcanza sola: equilibrar el dulzor de una con el amargor de otra, ganar complejidad, o lograr un carácter reconocible año tras año. Un buen coupage es una decisión de estilo, no un cajón de sastre.
Cuál elegir
Depende de lo que busques. Si quieres descubrir variedades y disfrutar de perfiles nítidos, el monovarietal es el camino. Si prefieres un aceite equilibrado y verstil para el día a día, un coupage bien hecho cumple de sobra. Lo ideal, en realidad, es tener de los dos y usar cada uno donde luce.
Cómo lo planteamos en ORIGIVAL
Por eso en la colección conviven las dos ideas: tres monovarietales —Arbequina, Arbosana y Koroneiki—, un blend de Arbequina y Arbosana, y ORIGEN, nuestra edición limitada, que lleva la idea de coupage al extremo: nueve variedades molturadas juntas en menos de dos horas. Ver la colección.